Carta a mis humanos ¡WAFF!

No recuerdo exactamente cómo fue que empecé a vivir con mi primera pareja de humanos, era muy joven… tengo destellos de aquélla vida jugando, a ellos no les gustaba jugar mucho con nosotros, se molestaban si explorábamos ese pequeño espacio y probábamos algunas maderitas en él, me obligaban a mí y a mi fiel amigo a quedarnos en un carrito hecho para bebés humanos, y a veces dormíamos todos juntos. Éramos una gran manada… yo los amaba y ellos a Baccio y a mí.

Siempre me emocionaba despertar antes y animarlos a abrir los ojos a un gran día, a veces me daban unas palmadas para saludarme y otras solo me quitaban de encima, ese era mi deber: brincar, lamer, brincar… ah, y hacer del baño.

Aprendí que les molestaba que hiciera pipí y popis en nuestro territorio (qué extraño, ellos le llamaban “departamento”), hasta que entendí que si salíamos a explorar podía hacer mis necesidades, y lo mejor, ¡buscar otros amigos de cuatro patas por la zona!

Ya teníamos nuestra dinámica:

Brincábamos a la cama, despertábamos a los humanos para jugar, nos sacaban a pasear, Baccio marcaba su territorio mientras yo lo olía, regresábamos a casa y se iban. Siempre creí que jamás regresarían por nosotros, pero horas después, cuando el cielo estaba oscuro, llegaban, nosotros emocionados los saludábamos y ellos rascaban nuestras cabezas. Mi vida era feliz.

Un día, de la nada, nuestro sitio se percibío diferente, ellos olían distinto, estaban felices, pero no compartían esa alegría con nosotros, nuestro humano nos alejaba de nuestra humana, no nos dejaba jugar, olerla o dormir a su lado. También notamos que su estómago crecía mucho, cada vez nos paseaban menos, pensamos que nos habíamos portado mal y nuestras lamiditas de disculpas no sirvieron. La última vez que nos sacaron a pasear nos metieron en pequeñas jaulas y nos subieron al “sótano” de un pájaro gigante… estuvimos por horas y luego nos pasaron a un monstruo de 4 ruedas que nos llevó a la casa de unos adorables humanos de edad muy avanzda.

Baccio y yo estábamos angustiados, ¿les había pasado algo a nuestros humanos?, ¿estaban bien?, ¿le habría explotado la barriga?, no lo entendíamos.

Pasaron días…

Todas las mañanas me despertaba emocionada esperando verlos entrar por la puerta del patio en donde estábamos. Nada.

Pronto intentamos agradar a los ancianos que cuidaban de nosotros si pasaban por el patio, Baccio y yo nos esforzábamos por hacerles fiestas y sacarles sonrisas, tal vez llamaran a nuestros humanos y llegaran en cualquier momento, pero nunca pasó.

Un día, desconsolados, aullando en el patio, nos tocaron la ventana. Había 2 niños humanos viendo por la ventana, brincaban y saludaban… ¡ellos nos entendían! Así que Baccio y yo respondimos el saludo de la misma manera y los llenamos de besos en cuanto entraron al patio. La pequeña niña me tomó en sus brazos y me llevó con ella, Baccio quedó atrás.

Mi corazón se detuvo al instante, primero mis humanos y ahora mi fiel y único compañero de viaje se quedaba atrás, tal vez no lo volvería a ver jamás como a mis primeros humanos, la manada se disolvía. Me sentí pérdida, toda pizca de esperanza se desvaneció y no me importó más esta nueva familia de humanos, los niños que diario me levantaban a fiestas y cariños, ese enorme patio no tenía sentido si no lo compartía… las croquetas no se me antojaban, no sabía cómo hacerles entender que extrañaba a Baccio y solo me entristecí.

Comencé a sentirme débil, no los saludaba, solo existía… entonces lo escuché.

Ese ladrido amistoso casi gritado que me llamaba desde pisos abajo, la puerta estaba cerrada y no podía entrar en la casa, yo angustiada y emocionada arañaba la puerta hasta que se abrió y vi entrar a Baccio corriendo hacia mí.

Así pasaron 15 años con nuestra nueva familia, mi manada. Los niños dejaron de serlo y estos jóvenes humanos nos consentían con todo su corazón, casi siempre estábamos con el ex niño, un humano que hacía sonidos agradables con diferentes cosas, “instrumentos” los llamaba él y el sonido era “música”, nos encantaba pasar tiempo en su territorio escuchándolo día y noche, dormíamos con él. Nuestros padres humanos también nos amaban mucho, nos consentían y daban premios a escondidas uno del otro. Un día, nuestro joven humano se fue… la historia se repetía, no volvería jamás, nos abandonaba… pero no fue así, no estaba permanentemente con nosotros, pero iba a visitarnos de vez en cuando a Baccio y a mí.

¿Mi trabajo? ¡Hacer feliz a la manada! Comer, hacer pipí y popis.

No recuerdo exactamente cómo fue que Baccio se enfermó, él ya no veía, sus huesos crujían y mi nueva tarea era acompañarlo a todos lados para que no se golpeara con las cosas de nuestra casa, dejó de comer y sollozaba por las noches, por lo que mis humanos decidieron llevarlo a su médico. Nunca volvió.

Pasó un día, una semana, meses, perdí la noción del tiempo y mi fiel amigo no regresó jamás. Entendí que se había ido para siempre.

Mis humanos estaban tristes, los vi llorar un par de veces y traté de animarlos, el problema es que no podía ni animarme a mí misma. Perdí el apetito y no hacía más fiestas.

Recuerdo que ellos empezaron a obligarme a comer, croqueta por croqueta en el hocico, me acariciaban todavía con más frecuencia y me dejaban dormir con ellos, mi deliciosa cama a lado de las suyas. Yo y mi joven humana, mi joven humana y yo.

Pronto logré superar la partida de Baccio, aún éramos una manda amorosa y feliz.

Nuestra rutina:

Todos los días me levantaba emocionada haciendo fiestas esperando a que mi joven humana me llevara al baño, regresábamos y nos colmábamos de besos antes de que salía de casa, me quedaba con mis padres humanos y los acompañaba a lo que fuese que estuvieran haciendo, regresaba mi humana y nuevamente nos colmábamos de fiestas, platicábamos horas (aún lo hacemos, bueno, la escucho porque no entiendo sus palabras, pero sí sus emociones). Así fue por mucho tiempo y seguí intentándolo aun cuando mis huesos fallaban.

Una cosa empezó a crecerme en mi pequeño abdomen, ya es enorme y me duele, no me deja dormir, no me deja ir al baño y a veces me cuesta respirar. Aun así, puedo y sigo haciendo las fiestas que mi viejo cuerpo me permite.

Sé que pronto debo irme, mi cuerpo cruje, mis articulaciones no funcionan de la misma manera, me cuesta trabajo subir y bajar escaleras, a veces no me puedo aguantar y debo hacer mis necesidades en donde me encuentre, ya no me regañan. Me dan mucho amor. Lo mejor: siento que pronto me reuniré con mi fiel amigo, Baccio.

Queridos humanos, ha sido un placer haber compartido mi vida con ustedes, me hicieron feliz y los amo con todo mi corazoncito. Gracias por compartir su tiempo conmigo.

Así como nos saludamos, me despido con fiestas.

Waff.

Brownie.

Razones para usar la mascarilla Black Head Pilaten

¡Está de moda! Y no porque sea el remedio para la piel perfecta de varias estrellas, si no porque realmente funciona, Esta fórmula además tiene propiedades generales para la limpieza facial profunda, especialmente si tienes problemas de acné, elimina la grasa, las espinillas y limpia los poros, dando a tu rostro un aspecto limpio, con sensación de frescura y tonificado. Además de que puedes usarla en cualquier otra parte del cuerpo en donde tengas este problema (espalda, por ejemplo).

¿Para qué?

Rejuvenecer la piel, líneas de expresión y manchas. Quitar piel grasa, nariz de fresa (puntos negros y piel afectada por la radicación diaria de la computadora.

Instrucciones de uso:

  1. Para la aplicación de la mascarilla negra Pilaten, se sugiere de entrada abrir los poros del área afectada, aplicando agua tibia, con una toallita o algodón por 2 o 3 minutos, que igualmente puedes hacerlo con una crema exfoliante o con agua de manzanilla, para un mayor beneficio.

2. Una vez la zona o el rostro esté seco, aplicar con los dedos la mascarilla negra de forma abundante, hasta formar una pequeña capa, que sea fácil levantar del rostro y retirarla, manteniendo la barbilla levantada.

3. Dejar actuar el producto por espacio de 25 minutos, o hasta que la toques y el producto se sienta como un plástico seco, luego jalar y despegar completamente del rostro.

Enjuagar con abundante agua fresca y tu piel estará como nueva y limpia de los puntos negros que tanto afean el rostro.

Mi experiencia:

Quedé realmente impresionada por el resultado que obtuve. Todos los comedones (puntitos negros) que extrae los puedes apreciar directamente en la mascarilla cuando la retiras. (Sí, sí es molesto, y sí, sí te llora el ojo). Mi cara quedó roja, por lo que recomiendo que lo hagan un día que no tengan planeado salir.

De igual manera, mi piel se resecó unas horas después y con aceite de coco se quitó (recuerden que este producto tiene muchísimas propiedades, desde la hidratación hasta la eliminación de bacterias).

Encuentra tu mascarilla Pilaten en El Bazar de las Cositas

 

Por Ana Pau Bermúdez

Los beneficios de desayunar avena

La avena tiene grandes propiedades que hacen de este, un alimento nutricional y saludable  que proporciona energía y fuerza a quién lo toma, por ello, te dejamos algunos de los más destacados beneficios.

  • Ayuda a controlar los niveles de azúcar en la sangre 

Esto es una excelente noticia para los que padecen diabetes. Sin dudas la tienen que añadir a su dieta, para mejorar la digestión del almidón y mantener estables el nivel de glicemia, sobre todo después de comer.

 

  • Reduce los niveles de colesterol

Se conoce un componente de la avena llamado Beta-glucano (fibra) que actúa de manera beneficiosa para las personas afectadas por el colesterol.

  •  Contiene aminoácidos 

Esenciales que ayudan a estimular el hígado para producir más lecitina, esta depura los compuestos pesados del organismo.

  • Es depurativa

Gracias a la gran cantidad de aminoácidos que contiene, estimula la producción de lecitina en el hígado, favoreciendo a la depuración completa de las toxinas del organismo. Consumir avena es bueno para limpiar las paredes de las arterias, ya que la fibra va “barriendo” los depósitos de grasa que se van acumulando en ellas y que puede generar muchos problemas cardíacos, colesterol, entre otros.

  • Contra la diabetes

La fibra soluble de la avena beneficia a las personas con diabetes, debido a que favorece la digestión del almidón estabilizando los niveles de azúcar, sobre todo después de comer.

  • Mejora la digestión

Si tienes problemas cuando almuerzas o cenas, la avena contribuye a reducir los ácidos biliares, facilitando a su vez el tránsito intestinal y evitando el estreñimiento. A ser rica en hidratos de carbono de absorción lenta mantienen la sensación de saciedad por más horas, siendo una buena alternativa para los que están haciendo dieta, porque les quita las ganas de comer a cada rato.

  • Prevención de cáncer

Contiene sustancias fotoquímicas de origen vegetal que ayudan a prevenir el riesgo de cáncer.

  • Tiene proteínas de gran valor

En total son 8 los aminoácidos esenciales de la avena, lo que la convierten en una fuente de proteínas de gran valor biológico. Esta cualidad permite formar tejidos nuevos en el cuerpo.

  • Mejora el sistema inmunológico

La avena tiene la propiedad de aumentar la respuesta inmunitaria contra las infecciones bacterianas. El beta-glucano ayuda a las células inmunitarias a localizar el foco de infección y a eliminar las bacterias causantes. Los patógenos invasores son atacados por nuestras defensas inmunológicas, y basta un tazón de avena al día para obtener este tipo de protección de manera más eficiente y rápida.

  • Para bajar de peso

Para ello, se debe consumir en ayunas o con el desayuno, junto a leche descremada o de soja, zumo de naranja o frutos secos.

  • Es una gran aliada en los tratamientos de belleza

Las propiedades de la avena no se aprovechan sólo al ingerirla. También se puede usar de manera tópica (externa) para una rutina estética. Por ejemplo, mezclada con crema hidratante se convierte en un exfoliante para el rostro realmente maravilloso y es mucho más económico que cualquier otro tratamiento de belleza.

 

Cómo lograr unas uñas perfectas

Soy la persona más obsesionada con las uñas, les juro la más. Tengo más de 300 barnices y obvio siempre uso los mismos jajaja, me gusta tanto el tema que siempre ando buscando cosas para que mis uñas se vean más padres.

Hoy les comparto los pasos para un manicure de 10:

1.Una vez que te cortas la cutícula no hay vuelta atrás, así que si todavía no lo hacen mejor ni lo hagan. Aquí sólo empújenla cuando salen de bañar que la piel está blandita, ahora que si ya lo hicieron entonces les recomiendo siempre cortarla cuando tengan sus manos mojadas (pónganlas en agua tibia unos 5 minutos), jamás lo hagan en seco porque van a lastimarlas.

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2.Lima tus uñas siempre en un solo sentido, así van a evitar romperlas, háganlo con calmita.

3.Coloquen un poco de Vaselina alrededor de las uñas para evitar mancharse si se salen de la raya.

4.NUNCA pinten sus uñas sin una base, así el barniz fijará mejor y van a evitar que se manchen por el color.

5.Siempre coloquen 2 capas de color para que les dure más, un tip es que antes de aplicar un color claro usen base blanca para que fije mejor.

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6.Cuando terminen coloquen top coat para que su barniz dure más tiempo.

7.Ya que está seco pongan crema de manos para humectar.

Yo he probado infinidad de marcas de barnices mis favoritos son Essie (los cuido como mi tesoro más grande), amo la brocha de los barnices de Revlon y hay una marca de barnices mexicana que se llama Pitahia, son lo MÁS, tienen tonos muy chulos y lo mejor es que no dañan tu uña.

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Extra tips:

-Nunca usen acetona pura porque van a resecar sus uñas.

-La gelatina ayuda a que sus uñas crezcan.

-Si de plano les urge que sus uñas sequen, pueden ponerlas en un recipiente con hielos.

-Y el típico consejo de mamá: “No se muerdan las uñas ni se arranquen los pellejitos”

Espero les sirvan mis tips y no olviden compartir sus uñas en el Instagram de Rosa Palanqueta con el hashtag #ManicureRP

Por Aline Matamoros