4 Inevitables e incómodas etapas al ir al cine

No hay nada más divertido, entretenido y esperado por cualquier amante del llamada séptimo arte que lo que significa ir al cine. Pero en una sociedad como la nuestra, el hacer esto represente una cierta cantidad de actos realmente difíciles e incluso llenos de suerte. Para explicarme mejor, les presento los cuatro pasos que todo mexicano y mexicana debemos de pasar al momento de ir al templo de las proyecciones cinematográficas:

Etapa I: La llegada

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No podríamos negar que es sin lugar a duda la parte más importante de todo el ritual. Saber qué película vamos a ver y sobre todo el horario en la que ésta se va a proyectar son parte fundamental para comenzar con el pie derecho, pero lamentablemente, menos del 99.99% de los mexicanos revisa la cartelera antes de decidir ir al cine. Como la familia que deja al papá, quien tiene la vital misión de estacionar el carro, para ir a ver la cartelera e informar a quien sea que va a pagar si hay alguna película en algún horario cercano y sobre todo una de interés para todos. O la clásica pareja de novios que se ponen a leer las sinopsis pegadas en la entrada justo debajo de las fotografías de los posters. En este punto haré un paréntesis para decirles un pequeño secreto del medio… ¡esas sinopsis en su mayoría son escritas por los mismos encargados del cine! Tan guardado está este secreto que alguien con las proceso o con tal de quedar bien con su acompañante, lee esta reseñas basadas en lo que los que la hayan escrito quieren que creas al momento de ver la película, o pero gran decepción se lleva uno de ver que en realidad la película no es ni la mitad de buena como nos la quisieron vender.

 

Etapa II: La Dulcería, o mejor llamada, la zona Guerra.

Cinépolis Multiplaza Panamericana. . Dirección: Calle el pedregal y Carretera Panamericana, municipio de. Antiguo Cuscatlan, Departamento de La Libertad, Area metropolitana de San Salvador  El Salvador, Centroamérica. http://www.multiplazaonline.com/visitenosES

Etapa fundamental para aquellos que disfrutamos de ver una buena película degustando de una deliciosa botana. Es el momento en el cual nuestro apetito y estómagos se abren pero nuestra cartera quisiera cerrarse y salir corriendo antes de quedar completamente vacía. Con precios tan exageradamente altos no entiendo cómo es que aún nadie ha hecho una marcha o algún paro en la ciudad para que le bajen a su fiesta. Desde palomitas que cuestan más de tres salarios mínimos, refrescos rebajados, en su mayoría, y demás chucherías que parece fueran de importadas de la mismísima Venecia del siglo XV, es el lugar en donde la lucha por ser atenidos lo más rápido posible comienza. El familiar que dice que irá a apartar los lugares de la sala, olvidando por completo que en estos tiempos ya hasta en la Cineteca Nacional los boletos te los dan con tus lugares numerados, la mamá que pregunta a una familia (novios, novias, primos, abuelos y demás), que es lo que se les antoja para comer mientras las personas de atrás tienen pensamientos sádicos en donde la tierra se los traga a todos para dejarlos comprar a tiempo y a gusto para poder entrar a la sala en tiempo. En pocas palabras, debería de ser un lugar de paciencia y sana convivencia pero nuestros bajos instintos de satisfacer el hambre o el antojo nos consumen dejando sólo uno que otro pleito y sobre todo muchas pero muchas mentadas a aquellos que están adelante de la fila.

Etapa III: Ya en la sala

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La etapa que debería de ser la más relajada al principio puede ser casi igualmente de caótica que la anterior. El tener que movernos constantemente para dejar a aquellos que no fueron tan agraciados por la puntualidad es a veces realmente complicado pues a veces los espacios son muy reducidos y dos piernas simplemente no caben. Después vienen las personas que se buscan entre ellas con tal devoción que bien podrían ser partes de la porra de cualquier equipo deportivo. Su voz es tan presente que inmediatamente te transportas al Palenque a punto de pedir una botella para ti y todos tus amigos. Entonces las luces se apagan y crees que la paz comenzará pero empiezan a llegar más almas que habían quedado perdidas en la dulcería o en la taquilla. Los tiempos modernos nos han mostrado que ahora por alguna razón los avances de las películas por salir son antes que los eternos comerciales que van dese autos, ropa, y en los peores momentos, comerciales pagados por partidos políticos los cuales mientras ves querrás tomar la cubeta de las palomitas y ponértela en la cabeza. Entonces ocurre el milagro, la pantalla se ajusta y el logotipo de la casa productora responsable del material que vas a ver aparece en pantalla, desde l ya conocido león, hasta una montaña que se adorna con estrellas, o el clásico himno que la mayoría de los usuarios de Youtube usan para presentar su canal, este es el momento que has esperado. Claro, como era de esperarse aún hay alguno que otro rezagado que entra buscando su asiento con la luz de su celular a todo lo que da. La película comienza, las parejitas comienzan a darse sus primeras muestras de amor (a la consideración de ellos queda si verán lo demás del largometraje), los niños más pequeños reportan a su padres todo lo que vean en la pantalla y la mayoría se da cuenta que ya se acabó al botana que había sido destinada para ser degustada durante la proyección. Aun no estoy seguro de si en verdad es el hambre es la combinación del estrés, la impaciencia y uno que otro coraje lo que hace este efecto, pero nunca podemos estar seguros de que tanto de lo compramos durará lo suficiente como para aún estar ahí al inicio de la película.

Etapa IV: Fin de la proyección

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La película termina y dependiendo de la calidad de la misma, sea cual sea su género, la gente comenzará a retirarse lentamente comentando su parte favorita. Los novios, que seguramente vieron alrededor de 15 minutos netos esperarán a que el complejo se vacíe lo suficiente por lo menos para desearse una buena noche como es debido. En las películas de Marvel hemos aprendido a esperar a que los créditos terminen pues esperamos con ansias alguna escena extra que es casi casi un deber verla para que nadie más nos la cuente. Mientras tanto nunca faltan los señores que se quedaron dormidos pues el film jamás les pudo dar esa emoción extra que sus rutinarias vidas necesitaban, mientras que otros sólo esperan que todos salgan para poder salir a gusto y sin presiones.

La faena por fin ha terminado. Podría parecer que todo esto que he relatado saca a resaltar lo peor de lo que debería de ser una experiencia increíble, pero la verdad es que a pesar de todo, lo es. No es un evento privado, sabes que habrá personas ahí pero eres capaz de pasar por todo esto solamente por ir a ver un producto que esperas valga la pena, y cuando lo hace, deben de creer que todo lo demás no existe. Así como los atletas se forman en un gimnasio, muchos cinéfilos y cineastas nos hemos formado en las muchas salas de cine a las que hemos acudido a largo de nuestras vidas. No solamente es ir a ver una película, es ir a sentir, ir a experimentar y sobre todo ir a vivir el cine. Sea cual sea el género que nos lata, México es un país amante del Séptimo Arte que con mi relato queda demostrado que somos capaz de pasar por todo tipo de pruebas…sólo por estar ahí, en ese lugar oscuro y ajeno, y alimentar nuestros sueños y emociones al salir con una sonrisa en el rostro. Gracias Cine.

Por: Raúl Millán

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